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Daniel Núñez-Arias 1, Manuel Gandoy-Crego 2
1 Servicio de Psiquiatría, Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol, Coruña, España; 2 Departamento de Psiquiatría, Radiología, Salud Pública, Enfermería y Medicina, Facultad de Enfermería, Universidad de Santiago de Compostela. A Coruña, España
Daniel Núñez-Arias, Manuel Gandoy-Crego
La información completa de afiliaciones y autor de correspondencia está disponible en la versión original en PDF.
*Correspondencia: Daniel Núñez-Arias. Email: daniel.nunez.arias@sergas.es
El suicidio constituye un problema de salud pública relevante y una de las principales causas mundiales de muerte evitable. Aunque tradicionalmente ha sido abordado desde la psiquiatría, en las últimas décadas se ha acumulado evidencia que muestra un incremento del riesgo de conducta suicida en diversos trastornos neurológicos. Esta revisión narrativa analiza la relación entre suicidio y enfermedades neurológicas seleccionadas (epilepsia, enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple [EM], demencias e ictus), revisando la evidencia disponible y los posibles mecanismos implicados. Los estudios observacionales sugieren un aumento del riesgo de ideación e intentos suicidas en comparación con la población general, particularmente en fases iniciales tras el diagnóstico o en situaciones de deterioro funcional significativo. La depresión comórbida constituye el principal factor asociado, aunque intervienen también mecanismos neurobiológicos relacionados con la afectación de circuitos frontoestriatales y frontolímbicos, así como factores psicológicos y sociales. El neurólogo, por su papel en el seguimiento longitudinal de enfermedades crónicas, se encuentra en una posición estratégica para la detección precoz del riesgo suicida. La integración de la evaluación de la conducta suicida en la práctica clínica, especialmente en momentos de transición clínica, puede contribuir a una atención más integral y potencialmente preventiva. Reconocer la conducta suicida como posible complicación en determinadas enfermedades neurológicas no implica medicalizar el sufrimiento, sino incorporar de forma sistemática la dimensión emocional en la atención neurológica.
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