EDITORIAL



El ser creativo
 
D. Ezpeleta
Servicio de Neurología, Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, Director de Kranion

Si crear es producir algo de la nada, la creatividad humana no existe: todos somos vampiros. Nos inspiramos en ideas ajenas o en su ausencia; en la función de objetos cotidianos o en necesidades a la búsqueda de objeto; en formas de expresión literaria, plástica o musical con las que se comulga o en su rechazo; en tónicos como la alegría y la tristeza, el amor y el desamor, el poder y su pérdida, el insomnio, los ensueños, la ansiedad y un sinnúmero de conductas y sustancias psicoactivas. El pensamiento divergente necesita apoyarse en el convergente para tomar impulso y emprender la fuga. Es difícil sustraerse de esta realidad: modificamos presencias o rellenamos ausencias, pero siempre existe un modelo, un objeto precreativo que nos sirve de cebador. Sucede lo mismo con la creatividad científica. Es más, de existir, el apartado introductorio de los trabajos originales sería conceptualmente prescindible.  (Kranion 2018;13(1):003-004)

 
 
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